jueves, 12 de agosto de 2010

Gracias cupido por la parte que me toca

Renuncio señores. Me rindo. Me doy por vencida. Acepto mi derrota. Dejo de intentar. Abandono.
Ayer decidi que renuncio a los hombres, porque evidentemente el problema es mio y no de los demás.

Porque yo me puedo bancar que el tipo que conocí en la costa termine teniendo novia. Yo me puedo bancar que una amiguita del del bar me amenace con buchonearlo con su novia. Me puedo aguantar cruzarme todas los fines de semana con la novia de ese gran amor que tuve.

Pero lo que no voy a tolerar es enterarme que el chico de la mesa de entrada de un juzgado, que tanto me gusta, también tenga novia.
Ya entendí, no hay hombres solteros para mí. Lo acepto y me resigno.
Pero ojo, que cuando no me tengan más me van a extrañar. (?)

domingo, 8 de agosto de 2010

Un domingo a la tarde

Me levanto seis de la tarde, prendo la máquina y me pongo a leer desde la cama. Mauricio, mi gato, se acerca por la cama, se me trepa por el pecho y me da un beso en el ojo. Sí, Mauricio me da besos. Después se acurruca en mi panza, casi tapando la pantalla. Y le corro un poco la máquina para poder ver. Y casi como un reproche se vuelve a acomodar. Ahora se estira sobre mi panza, con las patitas para adelante. Y esconde la cabeza entre las patitas y se pone a ronronear.
Asi seguimos un rato, yo leyendo, él durmiendo. De fondo se escucha Madagascar en la tele. Me pongo a tipear y Mauricio abre los ojos, me mira y en forma de reclamo se para y se tira a al lado mio, donde mis manos no lo molestan.
Así estamos un domingo a la tarde. Que paz, Carlos. Que paz.

viernes, 6 de agosto de 2010

Un poooquito de Sherlock homes boló

Del uno al diez, ¿cuán patética puedo ser que recién cuando volvia a mi casa, desvie mi camino para pasar por el bar a ver si renunció o no?
No es necesario que me contesten, sé que es un 10 con signos de admiración.



Y no, no renunció. Fue una desilusión el hecho de haberme sentido aliviada cuando vi su auto estacionado en el lugar de siempre.

lunes, 2 de agosto de 2010

La gata flora?

Me parece que Ariel renunció. El viernes fui al bar y no solo no estaba, sino que había un chico nuevo atendiendo las mesas. El sábado no fui y me quedé con la ansiedad de saber.
Por una parte seria un alivio no verlo más, porque como me dijo un taxista hace unas semanas, "cuando el otro no te quiere más vale comerse las uñas en casa que ir a buscarlo".
Pero cómo me estaba gustando este histeriqueo que empezó entre nosotros dos, y las escenitas de celos que me hacía cada vez que me veia con algún tipo.

viernes, 30 de julio de 2010

Maru botana, un poroto.

A veces me pierdo en la ilusión de que papá algún día va a entender que lo que enciende el horno es un fósforo, y no mi visión de rayos x.
Ayer gritó que tenía hambre, y cuando le comenté que yo no pensaba cocinar, gruñó algo que no llegué a escuchar bien y se fue a acostar sin comer.
Pensar que sí hace 6 meses me hubieran dicho que iba a tener que cocinar todos los días o no comer, me hubiera cagado de risa de la manera más incrédula.

lunes, 26 de julio de 2010

Me había olvidado

Me había olvidado la sensación de haber tomado justo un sorbo de más.
Me había olvidado lo que era vomitar en un baño cagandome de risa y rogando que no se despierten los viejos de una amiga.
Me había olvidado como era despertarse y rogar que el mundo acabe en ese instante.
Me había olvidado lo horrible que es que te duela todo, desde la uña del dedo del pie hasta el último pelo de la cabeza.
Me había olvidado las secuelas que quedan, lo que significa durante semanas ver un trago y tener arcadas.


Me había olvidado, pero el sábado me volvieron todos los recuerdos.
Mi papá, el moderno, me vino a despertar y cuando se dio cuenta sentenció "Ya no tenes 15 años Araceli, no estas para esas cosas".
Y no, ya no tengo 15 años.

jueves, 22 de julio de 2010

Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

Mi papá es un padre moderno.
Desde que tengo 14 años que salgo a bailar, y a los 16 dejó de pasarme a buscar por ningún lado. A él no le importa si salgo medio en pelotas con un vestido cortísimo o una remera escotada. Me puedo pintar como una puerta o ir a bailar a un bolichongo en constitución que papá no va a oponerse. No importa a qué hora vuelvo o si duermo en otro lado.
Ahora, siempre que me estoy yendo, casi cuando estoy por cerrar la puerta escucho por lo bajo "Traeme el ticket del estacionamiento".

Y si, no vaya a ser cosa que su chiquito quede al intemperie y desprotegido mientras yo estoy en un boliche.